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Tenemos tetas: Criar seres libres

El malestar social e individual, se reproduce en cada niño que nace de una madre patriarcal robotizada, ausente, frígida, víctima, dominante, maltratada o deprimida. En cada niño que es separado de su madre nada más nacer, y se le deja llorar solo, sufriendo en el nido, como dice Michel Odent, su “primera experiencia de sumisión”. En cada niño que se “domestica” para que aprenda a dormir solo, para que no exprese sus deseos, para que no reclame sus derechos ni exprese sus necesidades emocionales. En cada niño que “ya-está-limpio-y-comido-¿qué-más-quiere-ahora?”. En cada niño que es mandado a callar, que es castigado o abofeteado “por su propio bien”. En cada niño que en su casa aprende a “obedecer” sin rechistar, a satisfacer las necesidades de los adultos, a “ser bueno, tranquilo y OBEDIENTE”. En cada niño que es dejado todo el día en manos de otras personas que lo tratarán, en el mejor de los casos, “como uno más”. En cada niño que se escolariza muy tempranamente, y aprende a diluirse en la masa desde bien pronto, y a “seguir unas normas y unas rutinas” que no tienen nada que ver con sus deseos, sus necesidades, su ritmo y su personalidad.
